No sólo el espejo nos juega malas pasadas, a veces también miramos atrás y no nos reconocemos en lo que hicimos, o hacemos introspección y nos descubrimos perdidos, sin saber qué esperamos exactamente de nosotros mismos.
Es grandioso el poder que tiene el paso del tiempo. Casi todo lo borra, casi todo lo cura, cambia la visión de tantas cosas: aquellas que nos amargaron en su momento se reducen a pajaritas de papel, las que no supimos apreciar se revelan de gran valor para nuestra visión, nuestro aprendizaje, nuestro yo presente y futuro. Aprendemos a no menospreciar la sabiduría que nos transmiten en forma de consejo, aunque decidamos escarmentar en cabeza propia, y buscamos la manera de darle a las cosas sólo la importancia que tienen, ni más ni menos.
Nos preguntamos por qué no luchamos en algún momento, por qué no lo dejamos pasar en otro, por qué aguantamos humillaciones o por qué no aportamos lo suficiente. Estoy muy de acuerdo con que "nunca te arrepentirás tanto de lo que hiciste mal como de lo que no llegaste a hacer" y le sumo de mi propia cosecha "te arrepentirás de no haber dado el paso antes, cuando lo tenías claro desde hace tanto tiempo". Se pasa mucho peor imaginando lo que puede ocurrir si uno rompe la baraja, que rompiéndola. Hay que preocuparse menos y ocuparse más.
Con el maestro tiempo he aprendido que la verdadera cobardía se esconde detrás de las personas que aguantan una situación ya sea por inercia, pereza, miedo al cambio, dejadez, costumbre o presión social. La valentía del que sale corriendo cuando algo que no tiene porqué soportar le oprime el pecho, le da la razón del instinto de supervivencia y de arreglar las cosas con prontitud, sin dejar que se conviertan en uno de esos bultos que ya luego nadie escurre, sino con el que tropieza eternamente.
He limado muchos aspectos de mi carácter, he deshechado muchas cosas dañinas o injustas que había en mi entorno, he seguido comprobando que la familia la forman los que te quieren y no con los que tienes un vínculo genético que parece darles derecho a todo y a uno la obligación moral de aguantarles. Me he liberado entendiendo que a la gente se la quiere por lo que hace y no por lo que es, me he reafirmado dejando de luchar contra imposibles, eligiendo el camino de la felicidad, que también es arduo...pero mucho más reconfortante, sobre todo porque LO ELIJO todos los días.
Y aunque no tenga muy claro por qué hice algunas cosas, por qué aguanté demasiadas otras, confío en el aprendizaje y en seguir descubriéndome, formándome y entendiéndome a mí misma.
Hoy por hoy, gracias a esta evolución, vivo las experiencias de hija, hermana, prima, amiga, pareja, de un modo distinto y más sano. Sobre todo, evito vivir lo que no quiero. La vida es mucho más feliz bajo este prisma y por eso animo a todo el que quiera ser feliz a apartar aquello que no le gusta, para disfrutar lo que en realidad quiere.
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